Y de nuevo salio de esa cueva a la que llamaba hogar. Esa vez la noche le regalo una sueva lluvia. Siempre decian que eran las lagrimas de las estrellas, estas lloraban por su pena.
Sus ropas asiaticas estaban suevas, habian perdido el color, no como sus ojos verde esmeralda, los cuales brillaban con la misma fuerza noche tras noche. Habia oido que habian llegado caballeros con sus damas, de tierras lejanas... seria un buen modo de empezar la noche, la fiesta de mascaras estaba a punto de empezar.
Sus pasos parecian ser de una dansa sin musica, con la que pronto llego a la ciudad cercada. Habian guardias, pero cedian ante la belleza de la mujer. Todo hombre caia a sus pies, hasta que llego a quien le proporcionaria el atuendo para entrar.
Una mujer de pelo como la tierra y ojos como el mar. Un vestido largo rojo oscuro, mostrando la forma seductora de mujer. Era ideal para ella, y el color haria juego con su pelo color fuego.
Se acerco danzando, era lo unico que la hacia sentir viva. En su rostro una sonrisa con desden, unos ojos tristes que no se acordaban del amanecer.
Dio vueltas alrededor de la mujer, quien asustada empezo a retroceder. Pero ya habia caido en su hechizo cuando tomo la fina mano de piel blanca y empezo a danzar con ella.
Dulces palabras susurradas al oido, un brazo rodeando la cintura y acercando los cuerpos. La calle oscura ocultaria la verdad. Lo que muchos pensaron que eran amantes, la presa y su victima.
La mujer rubia cedio su cuerpo al deseo que la embargaba, no entendia, no queria entender, no queria ver como la otra mujer encendia sus ojos verdes tornandose rojos como su pelo. Como mostraba esos colmillos finos color marfil.
Le dio el beso que la muerte era para la mortal y la vida corrio de una mujer a otra, dejando escapar la presa un leve gemido sin saber si era dolor o placer. Demasiada embotada tenia la mente para saber incluso que sentia. Pero poco a poco perdia fuerzas, se sumia en un sueño del que no podria escapar... y no era consciente de ello.
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